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                  <text>LANZAROTE
AGOSTO 1982

-

- ---

�blicación realizada con
a ión de las
1ESTA S DE SAN GINES
rrecife de Lanz arote en
osto de 1982.
¡cion patrocinada por el
cmo. Ay untamiento ·de
rrecife.

i eño y fotografias de
Idefonso Aguilar de la Rua.

�UN HISTORIADOR ISLEÑO, PREGONERO
CIRCUNSTANCIAL, HABLA DE SUS INVESTIGACIONES
SOBRE ARRECIFE EN TESTIMONIO DE
GRATITUD Y CARIÑO
.
Un Compendio anónimo de 1776 nos dice que por entonces
la población arrecifeña apenas superaba los 300 habitantes.
Veinticinco años después, el diligente escolar contabilizó 1.393
almas en el enclave costero y en 1834 un padrón municipal recoge
ya 2.837. En poco más de medio siglo, pues, Arrecife pasó de ser
una simple aldehuela de pescadores a convertirse en el primer
núcleo poblacional compacto conejero, alcanzando una primacía
como capitalidad económica, que sólo hacia mediados de los
cuarenta va a tener su refrendo político-administrativo. ¿Qué
propició este panorama?
Desde la segunda mitad del XVIII se fue extendiendo
progresivamente un nuevo cultivo que acabó por generar una
bonancible coyuntura de precios, aunque la producción siguiese
mayoritariamente adscrita a la tradicional agricultura cerealera.
Tal cultivo fue la barrilla, utilizada por la industria europea para la
obtención de sosas y jabones. Arrecife y su valioso arrabal
colindante de Naos, canalizarán al punto las exportaciones de la
isla y buena parte de las majoreras. La primitiva función
dominante de glacis defensivo de Teguise es suplantada por esta
actividad, que revalorizó aquellos parajes e impulsó la corriente
migratoria interna y externa que hacia ellos converge. De ahí que
sea acertado definir al primer Arrecife como «el puerto de la
barrilla». Su impulso y su desarrollo inicial vienen determinados
por aquellas hierbas sometidas a cocción, que un contemporáneo
llamaria «piedrecitas preciosas».

�La conversión de este puerto en un emporio de riqueza va a
permitir que se consolide una burguesía básicamente comercial,
clase hegemónica que ampliará y remozará su estructura urbanística invirtiendo en la compra de tierras y en promocionar otros
renglones productivos: fabricación de aguardientes, pesca y
salazón, construcción naval, etc. Sin embargo, la Venecia de
Canarias tuvo que seguir dependiendo ante todo del negocio
barrillero, amenazado por una depreciación que afectaba de forma
periódica al mercado londinense y se hizo progresiva desde
mediados de los treinta. Las crisis se suceden hasta casi despoblar
la otrora arteria floreciente. Los pobres pululan hambrientos por
sus estrechas calles y la emigración irrumpe con su demoledora
secuela. Muerto el primitivo Arrecife, otro está a punto de nacer
de sus entrañas: el de los puertos francos y el de la cochinilla.
El que suscribe apenas ha · pretendido contribuir con su
modesta labor al estudio del origen de esta microciudad, que nació
alrededor de la vieja ermita de San Ginés y creció a un ritmo
trepidante, jamá s conocido en el Archipiélago. Al esclarecer
algunos de los aspectos de la evolución Arrecifeña, no hacemos
otra cosa que acercarnos a una de las temáticas más trascendentales de nuestra historia coqtemporánea, preterida e inédita hasta
hoy en tan señalados renglones. Grac ias a la bien corta da pluma y
al impagable entusiasmo de Agustín de la Hoz, ya teníamos noticia
de varias de las cuestiones que dejamos al alcance del curioso y del
erudito. Hast a donde nos ha sido posible, ampliamos lo que nos
legó en su calidad de pionero. Falta ahora que otros prosigan esta
dura y apasionante trayectoria de historiador lo que sucedió en
Arrecife. Merece la pena.
AGUS TIN MILL ARES CANT ERO
( Resumen del Pregón de las Fíes/as de San Gínés.
Arrecife de Lanzaro /e. Agos/o de 1982.)

�«En 1. o de septiembre entre nueve y diez de la noche, la tierra
se abrió de pronto cerca de Timanfaya a dos leguas de Yaiza. En la
primera noche una enorme montaña se elevó del seno de la tierra y
del ápice se escapaban llamas que continuaron ardiendo durante
diecinueve días.
Pocos días después un nuevo abismo se formó y un torrente
de lava se precipitó sobre Timanfaya, sobre Rodeo y sobre una
parte de Mancha Blanca. La lava se extendió sobre los lugares
hacia el Norte, al principio con tanta rapidez como el agua, pero
bien pronto su velocidad se aminoró y no corría más que como
miel.
... EI 7 de enero de 1731, nuevas erupciones VInIeron a
trastornar todas las precedentes. Corrientes incandescentes,
acompañadas de humos muy espesos, salieron por las aberturas
que se habían formado en la montaña. Las nubes de humo
frecuentemente eran atravesadas por brillantes relámpagos de uná
luz azul y roja seguidos de violentos truenos como en las
tempestades, y este espectáculo era tan espantoso como nuevo
para los habitantes que no conocían las tempestades en esta
comarca.»
Fragmentos del Manuscrito del
cura de Ya iz a, D. Andrés Lorenzo Curbelo, COIl
motivo de las erupciones de Timanfaya, Lanzarate, entre los años /730- /736.

��3

����El lago de J anubio es el sentimiento marino de Lanzarote
hecho realidad. U n pedazo de azul robado al Océano. La
respuesta tímida de la isla al abrazo redondo del mar.
El lago de Janubio tiene una vía ancha hacia el Océano.
Tiene patos chilladores. Tiene, además - a su espa lda- , salinas.
Por la vía ancha hacia el Océano, entra la sal nueva que necesita el
lago de J anubio, para tener salinas a su espalda. Por la vía ancha
hacia el Océano, entran también esos pescados de nombres
tan diversos -her rera s, roncadores, galanas, zaifios, catalinetas,
lebranchos, long oron es- que necesita el lago de J anubio, para
tener patos -pat os chill ador es- en su casa.
Esto podía bastarle al lago de J anubio: sus salinas, como una
ordenación -filo sófic a, pictórica, foné ticam ente- de cadinas
rubias tras de su sultán; sus patos, que imitan el claxon sobre los
crepúsculos y se miran en el espejo salado a la hora de comer.
Pero el lago de J anubio ha querido tener también su fiesta de
magia. Aliado con el viento, obtener el espectáculo perenne que
únicamente esa alianza podía traerle.
Ha llamado al viento y le ha dicho:
- Sobre mi panza, sobre la panz a redonda del mar, sabes
mover deliciosamente barquitos de una sola vela, barquitos de dos
velas. Sobre la panz a morena de la Isla, sabes mover las teclas
largas de los molinos. Probablemente, sabrás hacer otras muchas
cosas admirables. Pero yo te invito a que ensayes conmigo eljuego
de manos más estupendo que nunca hayas podido pensarte. Se
trata, sólo de que aprendas a caza r mis espumas. Aprésalas como
puedas. Llévalas donde quieras. Haci a el Norte. hacia el Sur,
hacia el Este, hacia el Oeste. Que los hombres de la Isla las vean.
Tal vez no hayan visto nunca nada semejante. Cree rán que son
pájaros blancos. Tú les dirás que son pájaros blancos, hijos del .
pato más albo y de la ola más salad a del lago.
Del libro "La ncelot ",
de Agustín Espinosa.

��9

�10

Guardaba para ti - cisterna de Lanzarote- mi elogio tercero.
Después del camello, y después de la
palmera, sólo quedabas tú por elogiar.
Tu cuerpo blanco. Tu agua honda. Tu cubo
de latón amarrado al extremo de la larga cuerda.
Tu puerta horizontal, · espejo de cielos, de
sedientos y de barbas de robador de agua.
Junto a la palmera que hace voltear sus
brazos, junto al camello que arrastra el arado,
estás tú, cisterna soleada de Lanzarote. En el
mapa integral de una isla de paramera, de alisio
y de sol.
Del L ihro "Lance/al",
de Agustín Esp inosa.
11

�El viento ha sido siempre, sobre todo, un
gran cazador de retórica. La retórica es su área
de acción. Su objeto único. Sin ella tiene que
hacerse aventador de arena -viento del desierto- o de agua -viento del mar-o Los geógrafos, eludiendo su estudio biológico, han llamado simún o tempestad marina a estos instantes de desorbitación - arretóricos- del
viento.
El viento de Lailzarote busca retórica inútilmente. Tiene unas tardes largas en las que
da vuelta a sus entusiamos inútiles de rebuscador de retórica. El viento de Lanzarote apuñetea el éter. Se descoyunta en el vacío.
Bien quisiera él árboles altos, de borrominiano ramaje; palacios de balconeria fastuosa,
patio envitrado y puntiagudo techo chinesco.
(Arboles que desnudar violentamente. Tejados
chinescos que destejar. Casas de balcones
descolgables.) Pero nada de esto tiene. Las
higueras de Ye se burlan de sus gritos dramáticos. Las casas le enseñan su arquitectura
simple. Desdibujan las azoteas 1ft decorativa
tapa piramidal.

1

De/ Libro "Lance/o!",
de A!5,usrin Espinosa.
- - - - - - - -______________________
________ 13
~

���17

+

�Continuamos, pues, silenciosamente, en soledad. U na niebla
dorada se abre y todo se aleja como en un sueño. Las pisadas
despiertan no se sabe qué sombras fugitivas y próximas, metafísicas, como si hubieran estado ahí antes que el tiempo y la creación
surgiera de la nada. Hay que pararse a escuchar... N o se oye sino
un leve y lejano rumor: más bien, un aleteo misterioso, como aquél
que percibía Pascal cuando, en la oscuridad de la existencia,
buscaba el sendero que conduce hasta Dios. Yo escucho -decía- el rumor de las alas del silencio, que vuela entre las
sombras.
... La fuerza expansiva del volcán es creadora, sugerencia y
estupor, y por 10 mismo acaba siempre más allá de su propia
naturaleza. U nos pasos más y se abre la piedra en anchas y
profundas simas: abismos incendiados que absorben súbitamente
el pensamiento y aún lo precipitan. Ritmos que ascienden igual que
águilas de fuego, como los wagnerianos, para arrebatarnos la raíz
de la emoción. El corazón se abrasa y los ojos se secan como
minerales ...
La Punta de U saje hiende el mar. Se crispan las aguas contra
las rocas, sin furia, calmosamente, aupándose sobre ellas, sin más
ambición que poseerlas en un abrazo innumerable; luego revienen,
afuera se remansan y vuelven enrollándose y embisten, se
deshacen y retornan, dejando la orilla blanquiazulada y llena de
ritmos. Todo igual que hace cinco o seis milenios, cuando todavía
luchaban aquí los dos elementos más fieros de la Naturaleza. En
cambio, la isla creció un poco y lo que fue por entonces
escenografía apocalíptica está ahora en salvaje soledad: volcán y
mar, prisioneros de ese anhelo, casi divino, que es la flor de la
creación.
Fragmentos del libro "Cueva de los verdes",
de Agustín de la Hoz.

-+-

�18

+

��20

���Mas, ¿para qué darle nuevas vueltas al Malpaís de la
Corona? Lo dicho: visión dramática y luminosa de un paisaje
genesíaco, ahito de sol, sin otra posible simiente que el bosque
enano del tabaibal. Un paisaje para ser contemplado con recogimiento, con recatada humildad, con gozosa espera: sólo así
descubre su secreto y la razón de su hermosura.
Continuamos. No vemos ya sino cosas parejas a las contadas, y en ello apreciamos que los J ameos del Agua están cerca,
como así es, en efecto, porque enseguida, apenas unos pasos, se
abren las rocas efusivas: mejor, se desploman, para mostrar un
gran socavón que, dicho prontamente, antoja y resume el más
angustiado simbolismo: parécenos que los magmas primeros
anhelan aún la anunciación de la vida. U na explosión pétrea que,
si congelada, no acaba de perder su potencia brutal. Semejante
escenografia dejaron, tras encuentro apocalíptico, volcán y mar.
El viento queda arriba y en la hondura, como en el verso de
fray Luis, el aire se serena. Alrededor, paredes encostradas,
piedras desnudas, salidizas y chorreantes en verde, ocre y rojo
cereza; el tiempo ha dejado en ellas su labor de milenios,
tallándoles formas exóticas cuando no perfiles apenas iniciados,
pero siempre sugerentes, como una música dura y pungente que
calma, por lo mismo, la contemplación de sus orígenes caóticos.
Se baja bien. Hay siempre un pensamiento que se nos impone:
Dios, recreador. Se baja bien. Más abajo y hacia el Este se abre la
tierra: un gran arco barnizado de pátina, con revuelo de aves
salvajes, tras el cual alcanzamos a ver las aguas opalescentes bajo
la umbría comba grutesca.
Del libro "Cueva de los verdes",
de Agustin de la Hoz.

��26

��¿ Qué es este mundo extraño, deformas incipientes, genesíacas, y qué
propone al espectador cuando éste, menesteroso y deslumbrado, contempla su
naturaleza ideal, de raíz y trascendencia platónica? Tras la sombra hirsuta,
el súbito pensamiento. No es otro el mudo lenguaje del misterio. El mundo de
la caverna sólo se percibe después del conocimiento de la luz, y sólo entonces
revela su secreto. Sólo lo informe se halla libre de alusiones a lo real, dijo
Ortega y Gasset.
Agustín de la Hoz:
"Cueva de los verdes".

Rivadeneyra.

s. A. - Madrid-B. - D. L. : M. 25.9B2- 19B2

�*

IN DICE DE FOTOGRAFIAS

Portada: Charco de San Ginés. Arrecife.
l. Lavas cardadas del Volcán de Tahiche.
2. Conjunto de cráteres del Parque Nacional de Timanfaya.
3. Bombas volcánicas. Ruta de los volcanes.
4. Costa del Parque Norte de Timanfaya.
5. Montaña Clara v ROQue del Oeste desde la Graciosa.
6. Detalle de Flora Insular.
7. Volcán Tremesana y mar de lava desde Caldera Rajada.
8. Recogida de sal en Janubio. Yaiza.
9. Higueras en Montaña Los Helechos. Magu ,'z,
10. Grupo de camellos en las laderas de la Montaña Miguel
Ruiz. Yaiza. ·
1/. Casa Museo del Campesino. San Bartolomé.
12. Atardecer tras montaña Tingafa. Tinaja.
/3. Castillo de San José. Museo J. de Arte Contemporáneo.
Ar¡·ecife.
/4. Cueva de Los Verdes. Concierto de Regino Sái/lz de la
Maza.
15. Viliedos de La Geria.
16. Mujer campesina del pueblo de Sao elaborando rosetas.
/7. Arquitectura popular de la isla· de La Graciosa.
18. Jameos del Agua.
19. Plava Blanci/. Tias.
20. Múelle de' la Pescaderia. Arrecife,
2/. Playa de las Mujeres. Ya iza.
22. Isla de La Graciosa l ' Mirador del Rio.
23. Las Maretas. Parque N de Tima nfaya.
24. Cráter El Golfo. Parque N de Timanfaya.
25. Jameos del Agua.
26. Pescador de La Graciosa.
27. Mercado Municipal de Arrecife.
28. Los Hervideros. Parque N de TimQl~fava.
Contraportada: Dunas de ceniza volcánica en TimQl~ra l'a.

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              <text>Promoción turística de Lanzarote del año 1982.</text>
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