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                  <text>�d

�E

D

e
Categoría 1.a
Forma parte de leí red de alojamientos .
de la Di'rección General del Turismo; dispone de vein.ticuatro habitaciones, todas
con cuarto de baño y terraza privada.

Su renombrada cocina y esmerado servicio se une a los encantos de esta extraordinaria isla.

B

Teléfono 101

�Coll,

Habitaciones con teléfono, baño privado, agua caliente y
fría.

Rooms with telephone, private bathroom, warm and cold
water.

Chambres
froide.

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telephone,

bain

privé,

eau

chande

et .

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A S

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IDEA

(T EM PERAT U RA S)

P AY S
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G ua ci m e t a
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atagorda
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Poc ilos
Blanca
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a Barr illa
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Q uemada
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B a ca
.
Ja n u bi o
.
Golfo
..
a Ca etc
.
as Ca chas
.
. ..
Ca etón Blanco
rrie t a ... ...
. ..
.
o Charcos
astián ... . .. . .. . ..
La Caletas
. ..
Los Mármole
.

4'250 Kms .
5'750
8'500 "
9'250
11'000
13'500 "
23'000
38'750
28'000
29'500
19'500
40'000
35 '000
"
·22'000
9'000
7'000 "
4'000
"
3'000 "
11

11
11

11
11

.

Febrero

16'8°

. ..

Marzo

16'2°

.

17'5°

Abril ......

18'5°

Mayo

19'4°

Junlo

20'4°

11

11

11

11

Julio

.

2 1'6°

Agosto

.

24'9 °

11
11

Septiembre

. ..

Octubre . . .

.

23 '7 °

.

Noviembre
Diciembre ... ... ... ... ... ... ... ... . .. 17 '6°

MOTIVOS TURISTICOS
Fern és
.
La s Coloradas
. ..
La Geria
.
Timanfaya
.
Islote Hilario
.
Teguise
.
Jameos del Agua
Cueva los Verdes
La Batería ... . ..
Isla Graciosa
. ..
Isla Alegranza
Orzola

Enero

25'500 Kms.
41'750
17'500
28'000 "
33'000
11,000 "
27'750 "
25'750
34'000
40'000
59'000
33'000
11

11

11

COMUNICACIO

ES '

11
11

AEREAS

11

.
.

Diarias.

11

MARITIMAS
AEROPUERTO

Líne~s

Guacimeta

6'000 Kms .

FORTALEZAS
San Gabriel
San José
Guanapay
Las Coloradas

regulares.

Domingos, martes, m ié rcoles y vier nes .
INTERIORES

0'000 Kms.
... ...
.
... . ..

1'500
13'500
41'750

Autobuses urbanos.

11
11
11

Autobuses interurbanos .
Taxis.

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�El intimismo de la ciudad se muestra con gososo plenitud, como abrasado por esa serena pleeides en la que todo relieve se atenúa debajo de
un sol vertical y limpio. Sobre los fondos cerúleos
surge el caserío, y las embcreeeiones parecen
envueltas de una lus blanca que las purifica y
tranquilisa, aunque se haya dicho que Arrecife
vive revolucionada por el viento, la ierra y el
mar. Sin embargo, es el mar quien crea y embellece al Puerto del Arrecife, colmándole victorias, romances y leyendas.
También la tierra le ofrece abrigo y caridad por'q ue por eso toma forma de anfiteatro, que siendo
desnudo y pino, atrae, cautiva, cuando los alisios
y altanos concitan en la bahía a todos los mitos
de las bajamareas, llenos siempre de dioses rumorosos y de centauros, sirenas y unicornios del
barroco universal. Acaso esos "mitos" sean la
porteña ciudad de Arrecife, que por mágico conjuro parece un sueño fenicio, y no precisamente
al modo de la leyenda sirio-fenicia, que concibe
' a la Atlántida, ino como ciudad propiamente
emergida de entre las olas.

Ba ia S

de

A erdecer en

De la bellesa litoral de Arrecife poco se ha dicho,
siendo, como es, vigorosa acuarela de pura y
clásica 'p la st icida d. Su cielo anda siempre sin
brumas, con luces sólidas, con reflejos estables
en su mar, que antoja un puñado de medallas
sembradas a .voleo sobre la orilla. ¡ Y allá el Atlántico sonoro, veces ' negro, 'veces naranja, y
otras infinitamente asul!

Re [é n

Juan

,

Ba a de Arrecife

�Le
aturaleza br in dó a la ciudad numerosos arrecifes, llenos de
interés y amenidad. So..
.bre tal e s rompiente!
emerge la lum inosa po blación' del puerto, que
se abre como la Rose de
los Vientos, a modo de
cruz trebolada , cuyps .f oliolos son sus sin'gulares
barrios, de cara a la mar
y de espaldas a la tie rra:
"Las casas de los pueIblos marineros
abren todas al ma r su s
[a g uje ros,
rejas y puertas y ven [tonas,
toda la vida de la mar
[e spe ra n ... "

En la vida de Arrecife, bajo la égida del mar, como
si eternamente sus "puertos" estuvieran acabando' de
nacer de entre las entrañas marinas. J Mar y sol , cal y:.
cielo, es la luminosa existencie de Arrecife! Los n"is ~. " · ·.
mos " ro ncot es" (clá sico marino ) parecen frutos qu er.
brotan del árbol trepidante de los barcos, y son esos hom-.
bres quienes nunco aprenden a olvidar lo que les sugi er.e
la tierra , a pesar de que sea la mar su sino int ra nsferible.
Arrecife es una ciudad típicamente mar inera . En sus
muelles no se observa la presencia de grandes buques
cargueros o t ansatlánticos de pasaje, pero, sin embargo,
en todo su amplio contorno ribereño, de ensenadas, cole tones y bahías, los barcos de vela se amontonan en con glomerada mezcolanza de mástiles, jarcias y trinquetes,
dando a la ciudad una peculiar fisonomía de marcado
sabor y pintoresquismo marinero. Junto a su vieja flota
de doscientcs cincuenta embarcaciones veleras, carga das de gloria en su trajín incesante de rutas y singladu ras atlánticas, aparecen las '.'traiñas" motorizadas que
diariamente se acercan al puerto para dejar su preciosa
carga de sardinas, tazartes, atunes o corvinas, que ela boran factorías sala%oneras o fá rbricas de conservas, se

�desparraman luego por los mercados del mundo pregonando la inmaculada frescura de su calidad exquisita.
Pero Arrecife, por su privilegiada situación de . enclave
junto a los ricos bancos pesqueros afrocanarios, es además puerto obligado de recalada de las numerosísimas
embarcaciones de pesca de todas ' las banderas que trabajan en la ancha zona del litoral africano comprendida
enfre el cabo de Sim y San Luis del Senegal. y así, durante el pasado año, cerca de mil embarcaciones de este
tipo arribaron a Lanzarote para buscar en la ciudad y el
puerto el calor, la vida y el ritmo de sus necesidades y
exigencias. Por eso, día a día, se palpa, el crecimiento de
sus industrias, de sus instalaciones, de sus fábricas. Junto a esta faceta de su incalculable porvenir pesquero,
Arrecife ha ido ganando mucho también en su desenvolvimiento portuario comercial. Cuatro buques de pasajeros la unen ya semanalmente con el gran puerto de
Les Palmas. Por primera vez la isla ha podido afrontar
con holgada amplitud y éxito el problema de la exportación directa de sus ricos y variados productos del mar

Otros pequeños buque
cargueros arriban direc tamente de la península par a dejar merconejas de importación,
evitándose de esta for- ma el inc écncdo y antieconómico sistema de
los transbordos.
Arrecife, pues, ha ido
robusteciendo poco a
poco el ritmo de su vida
portuaria, que ~h oy , con
la puesta en ervicio de
sus dos nuevos y am·plios muefles, en cuya
construcción se han i vertido más de cinc
ta millone de pe eta ,
ofrece las más halagüeñas perspectivas respecto al desarrollo futuro
d
u economía.

�Tiene sin duda Arrecife excelentes calas '! ~Iayas ap as para el turismo más ex'igente, pero donde más- y mejor
se prod iga la ondad de us veraniegos eneento es por las Playa ~oradas del Sur , consti"tuídas por una ruta de
ver a no de más de doce kilómetros de finí iina y limpias arenes. quí Lanzarote parece consumar su verdadero
ve ra no- prima ve ra, que perdura invariabl~inente durante las cuatro estaciones del año. Si el -viajero 'q uie re imagina r pintoresquismo y pas paradisíaca tendrá que proyec ar e acia la Playa Blanca, eonsiderede como la má
importa nte del archipiélago canario, no sólo por u extensión, ine, ,a de má s, por su clima benigno. Aquí, el via jero puede d i frutar de una
aguas tranquilas y del silencio
adecuado para restablecer las
fatigas que proporciona el tráfa go de las grandes ciudades.
A partir de esta famosa Pla ya Blanca, dejando atrás el sim pático reducto de int imida d que
es el pueblecito pescador de" La
Tiñosa, se sucede la extensa rin gla de las playas form idables :
El Coletón del Barranquillo, ma ravilloso de pura plasticidad,
pues reúne sobradas atracciones
para concitar a bañistas y afi ~
cionados a la caza ubmarina
por ser sus preciosas caleta ricas en las más variadas especies .
Por añadidura, El Caletón de l
Barranquillo, como toda esta ru ta veraniega, no está a más d istancia de la capital que un cor o

�to y rápido paseo en automóvil. Poco más hacia Arrecife está la Playa de los. Pocillos, con "su sol refulgente, su cielo
muy azul y despejado, y sus aguas siempre . remansadas sobre las rubias ar~enas, resultando su conjunto un encan.t o hermético qu~ alivia y prepara al viajero para que encuentre, más y mejor, su me¡ecido descanso. Luego están
las estupendas y soleadas playas de Punta Lima y de Matagorda, muy visitadas por sus panoramas aprisionados
como con hilos de oro, mienfros la luz del suelo cae sobre el mar, que relumbra manso y discurre sobre la tibia orilla, para enviar su suave frescura y completar así el inefable hallazgo de su impagable am'biente. Mós allá todavía, ya próximas a
la c"apital de la isla, hay otras p'layas, como las de
Guacimeta, la de
Honda, la del Cable y la del Reducto, q u e forman
o 't r o inigualable
conjunto, donde el
poeta s e puede
sentir engran~eci~
do y el viajero des- .
cansado, porque
tales parajes, solitarios y serenos,
o ntoja n . ser . islas
doradas en medio
de la soberbia Ma.jest a d del Atlántico y del hórrido
oma de la Isla de
los Volcanes.

�Playa de La Garita

Playa de La Caleta
El pequeño caserío que
puebla la playa de La Caleta
constituye . una isla, ya que
está segregado de todo, porque mientras al frente tiene
al Océano, detrás se "aisla"
en un desierto de jable, demostrándonos así que no aspira a marchar tierra adentro
ni arrumbeor sobre la mar,
acoso porque prefiera ser nada más que un pequeño pro-

�montorio habitado,
un

sueño

pobla-

do .. . La misma luz
que embellece a la
playa de La Caleta
no es
motivada
por la estación, ni
por los días, ni siquiera por las horas, sino por los
instantes, cad a
uno de los cuales
lleva al viajero una
claridad recién nacida.
Otra

playa

indiscutible

(te

inte-

rés es la de La Ga. rita, en el puertecito de Arrieta,
'q ue es tibia y re coleta, de fi nísi -

Playa de las Conchas

.

mas arenas, donde el mar muere dócil, con olillas suaves y tardas. Pero antes de -lle ga r a la playa de La Ga .

rita, siguiendo el litoral desde Arrecife, el viajero habrá Visto calas preciosas y sorprendentes playas, aparte la gran
piscina natural que constituye el Charco de San Ginés, punto de partida de la ruta nor.teña de verano. Por donde quiera surgen las figuras pétreas emergiendo de las playas muy azules, abrasadas por el festón inmaculado de las
olas, como queriendo poner encaje Y lujuria donde no existe sino pura desnudez y bellesc, La playa Bastián nada
más está a 8,500 kms. de Arrecife; Los Charcos, tan ricos en pesca submcrine y de lanzado, a 9,500, y el apacible
Ca'león Blanco, hacia Orzola, en cuyas inmediaciones campean los conejos salvajes, que son deleite de los caza . de re s,
Para llegar a la playa de Las Conchas hay que cruzar el brazo de .ma r que forma El Río, entre Lanzarote y su
islita Graciosa, donde está ubicada la famosa playa. Este trayecto significa ir como por sobre apacible laguna, pero
con las ventajas de un paisaje marino inolvidable, porque todo el sabor del rncr se respira y, además, porque es tos apartados rincones están henchidos de leyendas. Según avanza el viajero, en típica embarcación, le perecer é
que el aire le deja en la boca un gustillo a ostras, sintiendo que la lengua se le mueve como si el propio jugo del
preciado marisco resbalara por su garganta.

�Otro de los interesantes atractivos que Lanzarote ofrece en el ostensible resurgimiento de su vida turística,
es el de la caza submarina. La extraordinaria riqueza de sus bancos piscícolas, la arusada transparencia de sus
aguas y la suave tem~lanza de su clima, permiten la práctica de tan atrayente y sugestivo deporte durante casi
todo el año. A lo largo de su extenso litoral costero, ' es frecuente tropezarse con abundantes manadas de meros,
"abaes", "vieja~, bicudas, atunes, sargos y "peces ' reyes", a cuya captura se lanzan con ávida fruición depo rtistas de los más diversos paises, especialmente españoles, franceses, belgas, italianos, ingleses y marroquíes, mu chos de ellos calificadas figuras mundiales en esta especial idad. Desde hace varios años se viene celebrando en Arrecife,
durante las tradicionales fiestas de agosto, un concurso inte rnacional de pesca submarina, al que cada vez acude mayor
número de participantes, y que, sujeto a una más adecuada y
eficiente ~rganización, podría constituir un elemento extraordinariamente decisivo en el porvenir turístico de Lanzarote.

Desde el año 1943, Arrecife viene .sie ndo fin y meta de la
prueba náutica más importante del Archipiélago. La Regata
Internacional de San Ginés, en la que participan embarcaciones de travesía adscritas a diferentes clubs náuticos naciona les y extranjeros. El grabado muestra al yate "Mystic", de
bandera norteamericana, fondeado en el puerto de Arrecife,
que intervino en la competición de 1959.

Uno de los mejores submarinistas europeos e cribe en e l
"TRINDENTE" .y nos dice: "Una vez en el agua, ¡qué espectáculo! Er. un especie reducido se encontraban todos los
peces de la Creación. Era una
especie de pasillo rocoso, entre dos islotes, sepa rados por
una centeno de metros y una
profundidad de quince metros
de agua; delante de cada cueva, meros; encima de las piedras planas que cubrían el
fondo de este valle submarino, sargos enormes en bandadas de docenas¡ abaes, verrugatos. Más arriba pasaban
las lisas. En las cuevas de
las paredes algunas viejas, robalos, un pez-perro espléndido, con su traje rojo. Sobre
una pradera de musgo brotó
un bando de jureles de cuatro a cinco kilos; en una gru-

�ta de
lava
dormía
una
imponente
pastanaga de
lo menos cien
kilos. ¡Era
fa n t á s tico!
"La Plaza de
la Concordia
a mediodic ",
y por encima
de todo esto,
mcjest uo s c ,
silenciosa, y
ligera movíase una enorme m a n t a
acompaña da
de sus tres
rémoras que
pesaban bien
diez kilos cada una, la raya misma oc so ric de los 300 kilos. Francois tiró a la manta, que después de una breve lucha rompió el hilo y desapareció. Nosotros nos

sumergimos hacia los meros y
cobramos cuatro, pero muy pronto una fuerte corriente nos había arrastrado fuera de este
edén. El cuadro acusaba 230 kilos, y a~í continuaron nuestras
vacacidnes, al final de las cuales, entre los dos, y en trece días
de caza, cogimos más de una
tonelada de pescado, de ellos
36 meros de m'ás de 10 kilos.
Estas cifras han sido rebasadas, con mucho, por otros pescadores, señalándolo como una
faceta más, un nuevo motivo turístico que retiene y prolonga la
estcncie del que llega.

�Llegar al primitivo lugar de Zonzamas so brecoge. Es tan profundo el silencio, que por
nada profanaría el viajero tanta maravilla espi ritual. Como por arte de magia se siente en los
ojos la severidad de esta sona aiborigen, y se
oye uno mismo las propias pisadas entretanto
va levantándose la misteriosa fortaleza de Zon zomas, situada sobre un mamelón, de mole ovo ide y proporciones ciclópeas que el rey de "Ios
majos" construyó, posiblemente, para defender
la ~scasa agua encharcada en las inmediaciones
y poderla repartir con equidad y justicia entre
sus súbditos. Los siglos que tiene esta fortale za prehistórica son actualmente desconocidos,
y su finalidad no parece que fuera exclusivemen te belicosa, antes al contrario hay fundamentos
que indican su destino defensivo y que con to da seguridad sería la protección de las "aguas
encharcadas" y que la rapiña de los "majos"
hiciéronlas objetos de despilfarro cuando en
tanta estima debiéronlas tener. .

.Mas, el interés del valle sagrado de Zonza mas todávía nos ofrece atracciones y problemas
de suma importancia arqueológica. Ahí está la
famosa "Quesera de los majos", que se muestra
como un comple]c no solamente reducido a la
piedra con estrías, sino que tan esenciales como
ella son los canales que la circundan. A la vista

•

�de este monumento puede verse el comienzo de
dichos importantes canales, en una red que ser viría de ventilación y que conducen a la "Que sera" propi&lt;lmente dicha. Es ésta na piedra ciclópea de unos mil kiloqramos, considerada como
la base de un templo prehistórico, o ara de ~d ­
crificios, cuyas funciones religiosas no son aún
conocidas.
Entre las piedras enormes hay una con graba dos a 'cinco acanaladuras concéntricas,. forma das por ranuras ovoidales, de separaciones pa ralelas cproxime dcrnen tade un centímetro y que
constituye única referencia en la provincia de
Las Palmas .

También existe un idolillo de piedra volcánica
tallada, cuya finalidad stá todavía en medio de ..
de la más completa noche, aunque por algunos
arqueólogos ha sido considerado como pieza, o
tapa, de sepulfure antropomorfa .
La arqueología histórica recientemente ha da do a la luz las ruinas del primitivo castillo de
Juan de 8ethencourt, en Rubicón, donde Benedicto Xi i i declaró Ciudad Episcopal al ccmpcrnentc
del conouistcdor normando fundado en mayo
de 1402. Tanto el castillo de Bethencourt como
la primitiva catedral de San Marcial fueron
construidos por el maestro de obras Juan Le
Masson.

���Con el tiempo y la reinvindicación de sus tierras, el

mies, y os hombres, bronceados, ·se encorvan, una y ot ra

campesino de Lanzarote ha dignificado sus labores agríco-

vez, aprisio ando haces, o blandiendo la habilidosa mano,

las, que con las nuevas normas pro tectorcs se hacen más

que usa de la hoz casi con ritmo de zarzuela .

fáciles y llevaderas . La mecanización de las faenas

e en-

arenado de tierras antes estériles, ha conseguido, sin duda,

Si la visión cervantina de Castilla fué a base de molin os

más amor a la agricultura, tiempo atrás en peligro de

de viento, no menos exacta es la visión de los pueblos lan -

.

muerte, debido al gigantesco esfuerzo que tenía que reali-

zaroteños en tal sentido. Hoy se ha revalorizado dic ha

zar el hombre para obtener un mínimo fruto. Hoy causa

visión de Castilla, remozando a la mayoría de esas inmor -

alegría ver por estos campos las eras, abrasadas de sol, gi -

tales exp esiones del paisaje, dándole los antiguos nomb e s

rando en torno camellos y burros, mientras cantan las mu -

que el Príncipe de los Ingenios conociera. También los mo -

chachas que, apuradamente, mueven la tralla. Sus sombreros

linos de

de paja, de ancha ala caída, tienen el mismo brillo que lo

preciosos, nacidos del vocerío popular, y que se van a re-

an arote tie en sus propios vocativos, que son

�mazar como sus hermanos castellanos. ¡ Muchos son

os

molinos de viento que aún subsis en en Lanzarote, y qué
ubicaciones t iene n tan prop icias para el paisaje insular!

todo evento, reaviva después de su parto angustioso. ¡ Na die debiera destruir un solo molino de vie nt o!
Incluso si a máquina lo desplaza , como as í sucede, con-

er -

sérvense los molinos lanzara eños para no ta la r el pa isa -

maso a quí, en e l país de los alisios, que concita al poderoso

je, pues, de lo contrario, la isla andaría de e sne ldc s a l e ter-

¡ Qué her mo so es el paisaje con molinos ! Mucho más

Eolo pa ra que ayude a moler la soledad mística de estos
si ng ulares campos de Lanzarote. Porque los molinos en

no reino de los vientos, tan insulares y tan at ánticos, qu e
todo lo salubrifican y yodan, haciendo del país un verdade ro sanatorio del mundo. Lo mismo debajo del so l, relum -

La nz a rot e son los testigos del enorme esfuerzo que hace el

brando sus cales blunquisimcs, con calma chicha o con

ho m bre para domesticar a la tierra, y enseñarla a ser fe-

brisas, los ,bra zos de los molinos son siluetas de anacoreta s,

cunda. Son los vigías de una lontananza calcinada, de

aunque en noches de luna lena se parezcan de verdad a los

na

tierra moribunda, pero a la que el hombre insular, contra

fantasmales gigantes de Don Quijote.

�Las aparatosas erupciones comenzaron el 1.° de septiembre de 1730 y terminaron el 16 de abril de 1736.
Las explosiones primeras tuvieron su lugar aproximadamente, por la zona de las Montañas Quemadas, que constituyen hoy la cadena principal de Timanfaya. Las Ievcs de estos volcanes irrumpieron sobre varias localidades,
desolando el suelo, casas y alpendes, haciendo víctimas de su furia violenta a cuantas personas y animales sor prendían.
o, no es el infierno de Timanfaya una gran piedra partida que se encadena en gargantas, ni es un conjunto de cerros redondos, ni es tampoco desfiladero. Esto pasaría en Cuenca, valga la compcrcci én, pero no en
Lanzarote, porque en Timanfaya la piedra es río, torrente, laguna e isla. El infierno de Timanfaya es mar también,
cuyas olas pardas, negras y grises, se forman con extraños bamboleos y adoptan mil formas milagrosas.
Todo sobrecoge en este infernal paraje, porque el viajero tendrá siempre la impresión de que los magmas y
arenas, sin sombras ni brizna verde, son la extraña fusión de la naturaleza. Sí, eso es Timanfaya: una explosión
fabulosamente intacta, expresada por la mil siluetas y enfrectuosidcdes de sus cráteres, cuyas crestas se enrojecen con diversos ardientes matices. Cimas y colinas negras, . resquebrejcdes, con infinitas grietas inverosímiles,
como la Caldera Roja y El Fuego; éste con su blenquisimo y absurdo refugio que parece desleído bajo la cuajada
luz soler, Sí, Timanfaya es infiernc y antro de estupor, ~"e se nos muestra inmóvil, sin vida animal, sin vida vegetal,
sin muerte, sin tiempo ni ubicación posible. Timanfaya es únicamente Timanfaya, donde se hace verdad irrefu table aquel letrero de pánico que viera el divino Dante: "Deja aquí toda esperanza, si entras".
En Tinecheide, por ejemplo, cualquier grietecilla alcanza temperaturas del orden de los 420 0 centígrados, utilizadas por
el turismo para
freir o cocer hue vos, tostar ca ta ñas, o cacahuetes,
o para provocar
vistosas hogueras,
a cuyo fin colocan
encima de tales
grietas un hato de
aulagas secas que
arden al minuto.
Interminables son
las recuas de dromedarios que, car~
godos .de turistas,
trepan todas las
Inmedieclones de
las Montañas del
Fuego, o zona de
Timanfaya, en
particular por Tinecheide, donde la
curiosidad internacional tiene e n
apoteósica expresión.
¡Timanfaya e s
la muda y triste

�G
orecron de las rocas atorme~tadas! ¡ La sacra liturgia .de los orbitolines, que pugna n por sobrevivir en este santua -

rio de Vulcano! Es, en fin, la terrible religión de Selene, que abre cincuenta cráteres en Timanfaya para dormir en
ellos a sus cincuenta hijes lisiadas en los hemisferios celestes ...
.
Visto de lo alto Lanzarote es, en efecto, otro planeta, caído en el Atlántico por un error cósmico, para ce rra r
por Oriente el archipiélago cqnario; un desierto pedregoso recorrido longitudinalmente por las Montañas del Fue go;
doscientos volcanes apagados y millares de pequeños hoyos que dan al paisaje lunar el aspecto de lejanas perturbaciones apocalípticas. Todo alrededor, hasta perderse de vista, el desierto ~egro; un desierto de cenizas y esco rias de rojos reflejos.
Lanzarote. La isla que al encanto de otro mundo une, en el connubio historia y levenda, el de un fantástico
pasado. Conocida ya por los fenicios, los romanos y los árabes, fué base de partida y. objetivo de acciones corsarias.
Sobre este páramo lunar reina soberano un silencio pesado, sepulcral. Las horrendas llagas de la tierra, per turbada por la furia plutónica, aparecen cerboniscdcs por 'e l fuego en. .una mortal inrr.ovilidod. Desde cotas de 650 m .
máxima de la isla, tengo la impresión de caminar verdaderamente sobre otro planeta, y casi espero la aparición,
entre las arrugas de algún monstruo prehistórico.
Hasta perderse de vista no hay señal al .guna de vida.
Estoy casi para volver atrás, vencido por un agudo senftdo de desolcción, cuando, en contraluz, entre
los reflejos verdes
y rojos de las cenizas, en la cumbre de una gibosidad, se perfila una
caravana de came·lIos. Sin esta aparición, casi una
mirede¿ h a b ría
perdido la m á s
desconcertante experiencia de este
viaje.
Increíble, pero
verdad, a q u e 11 o s
hombres y aquellas mujeres de los
inmensos sombreros de paja, que
lentamente se movían detrás de ' la
fila de los camellos, eran agricultores. Colonos de
u na
agricultura
que no tiene parangón en el - mundo.

.

�&lt;

La Geria de los
Vinos no ' es otra
cosa que un mar
de cenizas voleénicas, producto del
dantesco catQclismo' de 1730-36,
cuyo Prometeo tuvo la pícara habilidad de arrasar
varias aldeas y, a
la vez, purificar
unas tierras inciertas, duras e inhóspitas. En La Geria
de los Vinos las
cenizas, o "Iepilli",
alcanzan h a s t a
diez m e t r o s de
profundidad, habiendo así altas
montañas re ve tidas de estas arenas negras, excepto en las coronas
cenicientas que se
muestran desnudas y sin vegetación. Hay considerables mamelones
que, por estar totalmente sepultados, antojan montes de cenixes,
cuando, , e n realidad, son antiquísimas montañas.
La consecuencia, pues, de la
catástrofe insular
fué la conversión
del anterior paisa-

�je en este otro de simétricos y
bellísimos medios brocales con
que se adorna el país. En la Geria de los Vinos se tiene la impresión de que no es posible, entre las extensiones obscuras, la
existencia del menor ápice de
vida, porque nada indica una
sola alteración en este Mar de la
Tranquilidad, donde nada como"
bia y todo parece ser imitable
y como verdaderamente extinto.
Pero la vida y la feracidad están
escondidas en los ' artísticos socos de toscas volcánicas.
La vld lo invade todo, simulada y silenciosamente, aunque tal
invasión no sea vandálica ni homérica, porque, al contrario, las
viñas mantienen una ordenación
de fabulosa estrategia geométrica, escalando con rítmico po ..
so todas las laderas y llanuras.
Famoso ha sido siempre el
cultivo de la malvasía lanzaroteña, tan elogiada por autores
y personajes de obras universales . El conocimiento mundial
del vino lanzaroteño, bien es sabido, a expensas de plumas tan
prestigiosas como las de Shakespeore, Wolter Scott, Goldoni y
Alexis Kuprin, que cantan las
calidades de este tipo de uva
cultivada, desde siempre, en
Lanzarote. El propio don Carlos JII ponía final a sus comidas
con una copa de malvasía, y el
general del Zar de Rusia, don
Agustín de Monteverde, hace
pedidos a Lanzarote desde las
heladas estepas de aquel país.

�El Salinar de Janubio, sin duda, es una
maravilla más de las tantas que contiene Lanzarote, una fantasía más de la
geografía insular, que se des ela en
lienzo de paisaje inhóspito, tal mal país,
entre milicias de riscos cada vez m ' s
caprichosos e inverosímiles.

Allá está Tahosin, enroscándose hacia
la punta del volcán, como queriendo dar
un salto enorme y sepultar a la charca
o mar interior, del Salinar de Janubio.
A poniente, el árido Jaldal, que es propiamente un gigantesco oleaje de magmas petrificados. Al neciente, brilla la
Caletita, con su risco vertical, y que cubre toda la visión hasta los salientes de
Las Hoyas de Cho Bravo, por el Cortijo
de la Mareta, desde donde se inician los
pedrebales de Rubic ón; con monotonía
abrumadora . Mas ahí está muy bien centrado el Salinar de Janubio, símbolo de
la cultura árabe, pues el recinto se
nos antoja ora un pequeño Egipto nevo- '
do , ora un inc ce beble tablero de ajedrez, con sus colores como los escaques
y sus mil pirámides de sal. La tersa superficie del -ma r interior, inmóvil, azul,
'pa rece
~i n e luna tlena, aprisionada por la b-arra de limpísima gravilla,
contra la que estalla el Océano, 'pa ra filr sus aguas y alimentar los senos
~e ;10 charca. Sobre esta superficie
·t re me lucie nt e se ve la vela latina y
·ba rq uillos a remo, que navegan sobre
un íntimo m~ridaje de mar y tierra,
posible salida al Océano, de orilt~

�••
a orilla, como se
suele ver en las estampas
románticas. Esas pequeñas
e m bar e oc ion es,
que parecen difuminarse ' entre azules y blancos, a veces! quieren navegar encima del
suelo firme, salpullido de matojos, que triscan les
cabras según vienen bajando desde
las 10m a s más
próximas hasta los
mismos escaques
del Salinar.
En el mar interior de Janubio se
hace el noble deporte de la caza
del "pa to moro",'
po I m ípeda emigrante, que llega
en abril desde
Africa para marchar allá por S'an Pantcileón. Resulta entretenido este deporte náutico, porque los cazadores, escopeta en cara, gozan disparando a todo pasto y se divierten pérsiguiendo' el , zambullir ininterrumpido de las aves despavoridas.
.

,

La plasticidad que. reina e,n el ' recinto del Salinar resulta de una albura admirable, pura e indescriptible,
capaz de ser comparada a la de los ceresos y almendros que florecen en la otra vide. Esta inmaculada geometría, con sus piramidales montes de sal, verdaderas cordilleras nevadas, se refleja fielmente en cada uno de los
"cie nt os de escaques que forman el giga,ntesco ajedrez de Janubio, donde' se fragua el agua, del mar que llega car 'bo na t a do ya por obra y gracia de los cocederos. Estos estanques, poco profundos, requieren especiales cuidados de
limpieza y conservación, pues lo contreric significaría la obtención de una sal marina de ínfima calidad. Todos los
cocederos son negruzcos debido a la abundanci.a de musgo que crían, y donde tienen particular holgura los "5010picos", que cantan nada más que después de levantar el vuelo.

�Por fin, Los Jemees del Agua ... ¡Qué claustro fantástico, y cómo descansa el alma después
de tanto paisaje edusto! ¡ Qué lugar encantador
y ameno es éste de Los Jameos del Agua! Ni
más ni menos, estamos en el monasterio subterráneo donde viven los monjes ciegos y de hábito
albo como los ' de Santo Domingo. Son esos raros
frailes unos langostinos sin ojos que los natu ralistas aprecian y califican como .exót icos ejem plares .-de la sona abisal. El prestigioso biólogo
inglés . míste r A. Knyrett Totto, que ha dedicado la mayor parte de su vida a la investigación
sobre soología marina, hizo apreciables estudios
acerca de la "squilla", o langosta transparente,
encontrando nuevas especias no relacionadas por
el sabio alemán Ernt Haeckel. El biólogo inglés
que visitó Lansarote en abril' de 1955, determinó
que el "munidopsis polimorpha" que, excepcio-

A
nalmente, perdura en Los Jameos del Agua, pro cede de una fauna separada hace milenios de l
mar. El langostino blanco tiene visos rosáceos
y es muy sensible al ruido.
La formación de este importante Jameo obedece a lógicas consecuencias de la vulcanología,
o sea, que ·en las erupciones que desolaren esta
.sona insular, o "malpais" dieron lugar a una se rie de tubos lávicos que evacuaron hacia el mar,
enfriéndose su parte superior, bajo las que pe netraron las aguas del Atlóntico, hirviendo és. tas a grandes temperorures, para causar apara tosas explosiones de tipo térmico y, en consecuencia, la rotura de la parte superior de dicho
tubo lávico.Ejemplo de este violenta expansión
es. el tapón, o piedra expulsada, .q ue yace junto
mismo a la abertura que da lus, color, y fanta sía a las aguas de Los Jameos del Agua.

ft

�Para describir la Cueva de los Verdes hay que
serenarse no se.a que la admiración prenda y ·fla mee, o ecese, que de tanto remirar los ojos puedan éstos quedar incapacitados para la cabal
reputación que la caverna merece. Hay quien
asegura que entre las galerías, ciegas o infinitas,
o bien en las salas complicadas, o en las altas
bóvedas ojivales, o en las estalactitas, o en los
grandes liensos calcáreos, o al fondo de las gargantas y cimas espectaculares, se oyen las voces melódicas de las nereidas y . orbitolines que,
en la Cueva de los Verdes, se convocan par.a celebrar los - festines del sueño universal. El viajero experimentará múltiples sensaciones oníricas,
y así se familiarisa. con ' la silenciosa realidad
para salir, al fin, cautivo de tanta subterránea

e
belleza. Por eso, describir la estética brutal dele
Cueva de los Verdes supone el riesgo de lo infructuoso, porque es de ad~irar cómo la naturalesa hace y reparte; con prodigio, los diversos
claustros, donde a veces las paredes son rectilíneas y, a veces, elípticas, que se ensanchan y
levantan como por arte de magia.
¡Salir, al fin, de tales inéditos encantamientos! Al contacto de la luz solar quedará siempre, .
en el visitante, ese regusto de saber que se ha
contemplado un mundo misterioso, de admirables paisajes subterráneos, cuyos pormenores y
repuntes llevará consigo el alma, porque no en
balde el salvaje y sobrecogedor silencio le hablará siempre de las mil formas distintas de
esta caverna, maravilla del suelo y de la historia
insular.

�El Golfo '- es un recinto a guisa de anfiteatro, donde se puede admirar un mar múltiple y
distinguible. Allá es azul negruzco, y ahí mismo, en la orilla, resulta tan azul como el cielo;
si al naciente se sombrea con verdes senos, al poniente se llena de infinitas escamillas de
plata. ¡ Qué gama de luces forman las olas nevadas, las negras arenas de la playa y el verdinal
de la laguna encantada!
Para descender hasta el fon_do del semicráter, que esto es el recinto del Golfo, es necesario utilizar el acceso norte, bien dispuesto, con escala de cantería, porque las demás escarpaduras son verticales y en extremo dificultosas. Según se desciende, podrá observar el viajero
cómo las rocas basálticas y grisáceas se van tornando casi rojas, entreveradas por vetas de color rosa, como de compacto cuarzo de masas hialinas. Casi sobre la misma playa, las rocas se
tornan obscuras y, a ras del suelo, forma una base ahumada como para familiarizarse con las
negrísimas magnetitas de la playa.
o daña el sol en el Golfo porque sus rayos son amables, y no hacen daño ni exigen del
viajero más toca que la del aire salubre que pasa perfumado ,9or los olores del mar, que nos
hace la ofrenda cariñosa de sus mariscos epetitosos y exornas tan atractivos como los tritones,
cornudos al modo de los renos.
Al fin, se llega a la hermosa laguna esraerulde, no sin sortear menhires de rojo basalto,
con algo de ídolos de la Isla de Pascua, en desafiante -pose hacia el Atlántico. La verde laguna
encantada está sobre el fondo del cono partido, invadido luego por las cenizas volcánicas a través de las cuales se filtra el mar que lame las afiligranadas paredes, al parecer, prontas a desmigajarse debido a los caprichos de su espectacular arquitectura.

�AB A

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A

z o

E

Lanzarote muestra en sus zonas labrantías una naturaleza. domesticada, encauzada ha cia los nuevos cultivos del tomate y la eebolle, Desde las primeras horas muévense los campe sinos que, formando taífas se van a trabajar la nueva riqueza creada en sus tierras. Las yun -.
tas de dromedarios ascienden lentamente mamelones enarenados. La vida nace sin prisiones, y
los pulmones se ensanchan disfrutando el airecillo noble que se pur.ifica entre el armario de
los tomatales.
El 'h o m bre lanzaroteño anda empeñado en transformar, por voluntad de su imp ulso aborigen, sus propios eriales en sendos campos productivos, hasta el punto de que ya en ' Lanzaro te es un común denominador el afán por la tierra, acaso porque estando an cerca del mar ve
nacer una riqueza solamente como fruto de sus honrados ; esfuerzos.
Vienen silbando con el aire los "jables" desde la opuesta mar de Penedo, y atraviesa la
isla como fresca bendición de las brumas que se concifnr; en los picachos de Fámara . En esos
"jables", auténtica bandolera que encintura a Lanzarote, el campesino cultiva batatas, sandías, papas y melones. Mas, entre los pueblos que aprovechen los "jables",hay excepciones dig nas de consideración, como ocurre con San Bartolomé y Goime, que suelen su intemperie con
el más elevado espíritu de colectiva superación, de profundo amor a la tierra, de la que brota
ese "Derecho" no codificado, pero que ellos mantienen vivo "motu propio", a sabiendas de
que el mutuo respeto por nada será perturbado.
La humedad que puedan conservar estos eriales de rubias arenas se evapora, como es na tural, por capilaridad, haciéndose necesaria la interrupción de dichas evaporaciones a base de
rfU~v
capos salitt"O
I qu~ Itatir '
de. rea-li.a~ una lalbor de impermeabilidad.

�CONVENTO DE SAN FRANCISCO.-En lo Reol Villo
de Teguise, antigua capital de Lanzarote, se edificó el noveno convento de la Provincia de Las Palmas. Desde 1534,
do So cho Herrera y de Castilla, El Viejo, señor de esta
isla, había hecho testamento en 21 de octubre con la cláusula siguiente: "Mando se haga un monasterio de frailes de
San Francisco "de nt ro de mi huerta 'de famara, que sea de
los mismos frailes este huerta, y mando que se gasten
500 ducados de oro".
El capitán don Gonzalo Argote de Molino, a quien cupo. la construcción y cumplimiento del deseo manifestado
por el señor de Lanzarote, demostró con sobrada razón que
la huerta de Famara era vulnerable V fácil nrese ocre moratos y piratas de toda índole, por lo que des~chó la primitiva
idea de edificarlo junto a la hoy éxtinguida ermita de Las
Mercedes.
Gonzalo Argote de Molina, ag~biado por luchas y desazones, depositaba su confianza en la Virgen Madre, cosa
que le movió a intitular el futuro convento de San Francisco con el nombre de 'Sa nt a Madre de Dios de Miraflores.

Porque, en efecto, en el valle de Miraflores colocó los cimientos en 1588, ' p'ara terminar el monasterio en 15.90,
período de tiempo magnífico que le valió a don Gonzalo
el sobrenombre de "Salomón Insular", ya que en sólo dos
años logró cumplir con creces el deseo del señor Sancho, El
Viejo. Fué abierta al culto por despacho del Obispo Juan
Pogio, de Tropea, que por entonces era Nuncio de Su San..
tidad en España.
Por este estupendo monasterio, cargado de historia y
de valiosas imágenes, -ha pasado gran cantidad de historia dores y amigos del Arte y de la Religión.
CONVENTO DE SANTO DOMINGO.-También en la
histórica Villa, reliquia de Castilla y de la Religión, se levanta el monasterio de Santo Domingo, joya arquitectónica
y de valiosas imágenes.
,
Tiene sus orígenes cuando el presbítero don Agustín
Rodríguez ferrer, fundó el Hospital del Espíritu Santo,
cumpliendo así los deseos del capitán Gaspar Rodríguez
Cerresco, ambos de la eal Villa.

�Por estas fechas, 1711 f unos religiosos aventureros de
Orden de Santo Domingo, arribaron a Lanzarote, logrando afincarse en la casona del fundador don Agu$tín Rodríguez, aunque de primera intención ya existiera la donación del edificio a los Padres de San Juan de Dios con el
fin de ejercer la hospitalidad y la pública misericordia.
I~

·· En 1725, una Real Provisión del Consejo, fechada en
1O de febrero, confirmó a los Padres Predicadores de Santo Domingo en las casas que había construido el capitán
Gaspar Rodríguez Carrasco,. quedando así privada la Real
Villa de Teguise del beneficio de tener hospital para pobres
enfermos, los vecinos sin derecho a médico ni a botica.

la Villa de Teguise es uno de los más antiguos de las islas
de Gran Canaria, y en sus históricas piedras s bsiste el más
rancio sabor arquitectónico y religioso del siglo XV , aun que en 1618 fué saqueado e incendiado por los arraeces
Jabán y Solimán, que al frente de 60 naos arribaron a
Lanzarote y razziaro~ la Real Villa. En este fatídico ataque
se perdieron importantes legajos relativos a la verdadera
historia de Lanzarote.
Esta vetusta iglesia, que tiene como abogada a Nuestra Señora de Guadalupe, sufrió además, en los principios
del presente siglo, un voraz incendio, ue le causó graves
desperfectos, en particular su valiosn coro, único en Ca narias.

El Obispo don Manuel Verdugo agregó a las casas, de
lo que ya era entonces monasterio de Santo Domingo, una
cuna para niños expósitos, consignándoles los 1.600 du- '
En la actualidad, es centro de importantes in vesfiqcciocodos de los tributos de aquely otras mayores cantidades de
nes históricas, a la vez que despierta la curiosidad entre
la Real Hacienda .
cuantos admiran sus retablos e imaginería de auténtico va NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE.-EI templo de lor artístico.

�Hombres extraóos, estos titanes de la pacie nc ia y d·e··1 e. Para" obser arios, mien ras, con un a: len ¡ ud que
es á hecha de a ávica resignac·ó , ca ¡ an I la do de os desganado camellos, pareciendo formar parte del paisaje luna
e los encierra" T n a es su e orme fa igo,q ue les hace partícipes de una naturaleza que pertenece a
otras eras, a otros mundos.
Hu ildes héroes de na batalla si treg o . gr ic Itares soldados que defienden con la sola. a rma de la cons tancia sus increíbles viñedos subterráneos dent o de la s t rincheras sobre las cuales pasa, impo t e nt e, la ciega f~ria.
del viento y de los cenizos.

Vuelvo de nuevo al orte o u a carretera q ue parece flotar sobre el mar revuelto de las escorias, mientras
el sol trae fa" ásticos re lejos sanguí eos, verdosos y violáceos del desierto negro. Por Tahiche y Guatiza desciendo ha ia la zona del puerto de Arrieta, pa ra ver la famosa Cueva de los Verdes, la más grande gruta volcánica conocida; seis ilómetros de galerías q ue a t ra vés de dos arcos abiertos sobre el Océano se pierden en as entrañas
negras de la isla.
En :Io s ces as de paja, lo camellos lIe von ierra . Pocos puños de tierra arrancada 'de las entrañas de la isla en
las llanuras fértiles de Haría y, con la rgas mar~ as ,ba jo e sol abrasador, cargados hacia allá arriba, entre las
on años del Fuego, en el á rido desi e rto, e nt re las dunas que el viento barre de 'u a costa a otra de la isla.

La tierra es co loca da sobre aque llos miles de hoyos . Sólo a muy pe queña distanc ia
éstos revelan un
secreto : un patético secreto' que conmueve al turista.
En 'u n palmo de
tierra , pu esta de
nuevo sobre el fondo de estos embu dos de .piedra, ' en
el espectral y lu na r desierto negro
de ' La nza rote, ger mina la vid.
Aquella p o c a
tierra recibe las si mientes de la id
y la hace germinar
por un milagro natural de la providencia y de instintiva
ingeniosidad
de los isleños.

�Todo se conjura contra el
hombre; en esta tierra no llueve
nunca, ni existen manantiales;
el sol arroja dardos e inflama la
tierra, despojada y desnuda todo el año con igual violencia;
de la muy próxima costa africana, 65 millas apenas, las tempestades del Sahara barre Lanzarote de una costa a la otra y
la arena, llevada por la furia del
viento, agrede los cultivos, ahogándolos.
El hombre, desde siglos, hemos dicho, combate y vence estas adversidades. Erige trincheras de fragmentos de lava alrededor de la orilla de los hoyos,
con dos fines: resguardar el fondo cultivado de las empestades de viento y de arena y reducir el ángulo de incidencia del sol, regulando así oportunamente la permanencia sobre los cultivos. En efecto,
una hora más de · sol podría abrasar irreparablemente
las vides.
Arreglada la dosis tan ingeniosamente del sol, frenado el viento, rechazada la arena, es también necesario
siempre, para asegurar la vid, el mínimo indispensable de
linfa vital, encontrar el agua. Sobre la tierra 'c ul ivada se
extiende ahora una .c ubie rt a de 20 a 30 cms. de lapilli;
éstos forman con su cuerpo esponjoso una especie de cami. so impermeoble natural. De noche absorben la humedad
que, filtrándose, transmiten después a las plantas durante
el día.
Así, día a día, el isleño de Lanzarote combate en una
trinchera de piedras su increíble ¡ba t a lla . Y cada año vence, llevando al mar, con los mismos camellos, racimos de
uvas de granos jugosos y azucarados que dan un vino exquisito. Racimos de uva madurados en una extensión dé hoyos
enrojecidos por el sol; sobre una tierra monstruosa, agujereada como horrendos hoyos de viruela.

�Sabido es que Lansarote se alsa verticalmente, por su cabecera, como divisoria de las islas
menores del archipiélago canario. Ei punto más
elevado de la isla .est á en la sana de Famara,
en las Peñas del Cheche, aunque para la contemplación sea la vista de Guatifay un lugar de
ensueños, desde donde se ve el mar abajo, como
en abismo, guarneciendo playas, puntas e islitos. La balconada de Guatifay, que merece ser

•

declarada sitio de natural interés regional, causa
especial sensación en quienes a ella se asoman,
acaso, porque de tan peregrino mirador se admira el Océano en su auténtica plenitud, poblado por la más variada y maravillosa gama de

o

colores y visados. Se ven playas blanquísimas,
majestuosamente solitarias, llenas de dulce intimismo, y rocas lapislasulis precediendo a lo
cráteres perfectos de un mundo exótic.o y liliputiense apenas emergido sobre los hombros de
Atlas. La vela latina, henchida de sol, relumbrante, deja entrever E,I tipismo de los barquillos rumbeando caprichosamente encima de la
tersura azul de las aguas, tan tranquilas que
parecen remanso de laguna.

Antes de escalar este balcón natural, todavía hallará el viajero sorpresas como la de ver
a varios hombres, dramáticamente ad eridos a
los can iles, o colgados de gruesa soga, cual
riesgo circense, que con ágil maniobra de equilibrío y palanca hurgan la-s covachas para cazar
pardelas, sin miedo al abismo que se les abre
bramando bajo los pies.

�Después de ha er recreado la vista en la atalaya cuyo pie tie-ne orla blanca y su mol cresterías majestuosas, se llega a la islita Graciosa, después de cruzar el pacífico mar de El Río. Toda La Graciosa es como u hidalgo,
porque a santidad y a ma urgi"a los huelen los peque ños caseríos de Pedro Barba y Caleta del Sebo, Los barqui llos de vela la ina, que a toda hora cndan sobre el mar, siempre están como recié es renados, lustrosos y dispues- '
tos, porque por un sentido ancestral de la limpieza lo gente de La Graciosa, pese a abundante acopio y a intenso
laboreo, consigue
que ~uantas cosas
le rodean sean u ros y limpias, como
la noble estirpe d
sus corazones.
o
en balde, tienen
ellos t í tul o de
"CABALLEROS
PESCADORES".
Otra islita, Mo tañ'a Clara, sigue
a la Graciosa y
mereció ' desde la
antigüedad cantos
de poetas inmortales, quienes, como
Torcue te Tasso,
refirieron que era
muy clara y luminosa, uno de los
lugares más bello
y propicios
'a ra
sugestionar al visitante con sus
merevilles inigua lables.
o n t ña
Clara es oda ella
una obra de ar ,
pues no en balde el
mar que la ciñe le
da formas de molusco f o sil iza d o
hace millones de
años, aunque la islita no pase de cinco milenios.
Para ir desde antaño Clara a la isla de La Alegranza hay que navegar un b en t amo de mar abierto. Se hace el viaje a borda de un ba quilla 'de La Graciosa, adiestrado no sólo por la sabia concepción de sus líneas, sino,
a emás, or la des rez de los "caballeros pescadores". Llegar a la isla de La A egranza significa tropezar con el
pur.to geográfico que, desde an iguo, consultaban los mareantes para hacer n evos ru bos. Ocurría a menudo
que los viejos capitanes se equivocaban de ruta, po que tomebe n otras islas por la de La Alegranza, cosa que se
fué corrigiendo con la ordenación de los mares.

�Castillo de San Gabriel, vetu ta fortaleza lanzaroteña donde se hizo
inmortal el sacrificio de la muier insular.

Torre de la Colorada, en la Punta del
guila, construída por el
comandante general don Benito Pignateli, en 1741-42.

Castillo de San José .(conocido también por lo Forta~zo del Hambre)
construído por don Carlos 111, en 1779.

Puente

de

los

Bolas, ció ico baluarte del medioevo
...
insinuacioft'~s prei abelinas.

ibérico,

j

CO I

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              <text>Programa de las Fiestas de San Gines 1960</text>
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